No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo

"No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado".

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla. Depende en gran medida de nuestra voluntad y de nuestro talento estar en la lista de supervivientes."

Albert Einstein.

The only thing a billionaire can never have

True story, Word of Honor: 
Joseph Heller, an important and funny writer 
now dead, 
and I were at a party given by a billionaire 
on Shelter Island. 
I said, "Joe, how does it make you feel 
to know that our host only yesteray 
may have made more money 
than your novel Catch-22 
has earned in its entire history?" 
And Joe said, "I've got something he can never have." 
And I said, "What on earth could that be, Joe?" 
And Joe said, "The knowledge that I've got enough." 
Not bad! Rest in peace!

Kurt Vonnegut
The New Yorker, May 16, 2005
via The No Asshole Rule by Robert Sutton

Steve Jobs y el mejor consejo de vestuario que te pueden dar

Steve Jobs es el anti-Cher. En sus conciertos en Las Vegas, Cher y sus bailarines tienen hasta 140 cambios de vestuario; Jobs tiene un conjunto para todas sus apariciones. En sus presentaciones, Jobs siempre viste un suéter negro de cuello alto, vaqueros azules descoloridos, y zapatillas blancas. Siendo más específicos, viste un suéter St. Croix, unos Levi's 501 y unas zapatillas de running New Balance. Nada de ello importa demasiado, porque no vas a vestir como él. Él puede ir así vestido porque es Steve Jobs y tú no. En serio. Cuando eres una leyenda de los negocios que ha reinventado por completo la industria de los ordenadores, puedes presentarte en público de casi cualquier forma que quieras.

A pesar de que mucha gente está acostumbrada al atuendo del suéter negro y los vaqueros (hasta los dibujantes de Los Simpsons vistieron al personaje de Jobs con vaqueros y suéter en un episodio en 2008), Jobs no siempre ha vestido así. Cuando era un joven decidido a ser tomado en serio por inversores y el gran público, vestía mucho más conservadoramente. El Jobs de 1984 era muy diferente al Jobs de 2009. La primera portada de la revista Macworld en Enero del 84 mostraba a Jobs erguido detrás de un escritorio con 3 de los Macintosh originales. Jobs vestía un traje marrón de raya diplomática, corbata marrón a juego, y camisa blanca. Sí, Jobs vistió raya diplomática. Cuando presentó el primer Macintosh aún vistió un conjunto aún más conservador con camisa blanca, pantalones grises, americana abotonada azul oscura y pajarita verde. ¡Imaginaros a Jobs con pajarita! Sucedió.

Jobs es inteligente. Su armario siempre ha reflejado el líder en el que quería convertirse. Era muy consciente de la impresión que la ropa puede dejar en las personas. En la época en la que estuvo apartado de Apple, tenía que presentar NeXT (su nueva compañía) a inversores de Bank of America. Dan Lewin, su director de marketing, apareció en casa de Jobs en vaqueros para acompañarle a la reunión. Jobs salió vistiendo un caro traje Brioni de Wilkes Bashfort. "Hey," dijo Jobs, "hoy vamos al banco". Para Jobs, los vaqueros eran apropiados para la oficina, pero no para ir al banco. ¿Qué lección podemos extraer nosotros, simples mortales? Un antiguo héroe de guerra, el ranger del ejército de los EEUU Matt Eversmann, me dio el mejor consejo de armario que he escuchado nunca. Eversmann lideró las tropas en la feroz batalla de Mogadisco, Somalia, en Octubre de 1993. Esa batalla fue la que dio origen a la película Black Hawk Derribado. Conocí a Eversmann en una conferencia de negocios y le pregunté si podía darme un consejo sobre liderazgo que pudiera compartir con mis lectores. Eversmann me dijo que los grandes líderes visten un poco mejor que los demás. Cuando uno de estos líderes conoce a un subordinado por primera vez, sus zapatos brillan más, sus blancos son más blancos, y sus pantalones están mejor planchados.

Nunca olvidé ese consejo. Posteriormente entrevisté a George Zimmer, el fundador de la cadena de ropa para hombre Men's Wearhouse. Zimmer coincidió con Eversmann añadiendo, "de acuerdo a la cultura". Tiene sentido: no vas a aparecer en el picnic de la compañía con el mismo atuendo que utilizarías en la oficina. Además, distintas compañías tienen distintas culturas. Apple es rebelde, creativa, y comprometida a "pensar diferente". Es correcto para un empleado de Apple vestir de una forma más informal que para un ejecutivo de Wall Street.

Una vez inventes un producto que cambie el mundo, podremos hablar de vestir como quieras. Mientras tanto, aquí tienes el mejor consejo de armario que nunca escucharás: viste siempre un poco mejor que cualquier otro, adecuado a la cultura.

Traducción libre de The Presentation Secrets of Steve Jobs por Carmine Gallo.

Akio Morita

En 1955, una pequeña compañía japonesa llamada Sony Corporation había creado un nuevo producto: una radio en miniatura con un precio de 29.95$. La radio se vendía bien en Japón, pero el energético líder de Sony, Akio Morita, no estaba satisfecho. Morita quería introducir la radio de Sony al mayor mercado mundial de consumo, los Estados Unidos.

Morita fue a New York para ver si podía colocar la nueva radio de Sony a alguno de los grandes distribuidores minoristas de EEUU. No tardó en encontrar su primer problema: la diminuta radio era algo totalmente distinto a cualquier cosa que hubieran visto los americanos. Como Morita más tarde escribió, muchas compañías de EEUU le decían:

"¿Por qué estáis haciendo una radio tan pequeña? Todo el mundo en America quiere radios grandes."

A pesar de todo, Morita fue persistente y al poco tiempo atrajo el interés de Bulova, uno de los grandes nombres en la electrónica de sus días. Bulova le ofreció comprar 100.000 radios para distribuirlas en su cadena minorista en EEUU.

Morita estaba aturdido por el tamaño del pedido. Al precio que Bulova estaba dispuesto a pagar, la orden multiplicaba varias veces el total del capital circulante de Sony. Probablemente este era el trato de toda una vida.

Únicamente había una condición. Bulova quería vender las radios de Sony bajo su propia marca. Esta condición entraba en conflicto con uno de los objetivos a largo plazo que Morita había puesto para su compañía: establecer a Sony como una marca global independiente en base a productos innovadores y de calidad.

Morita contactó con su junta directiva en las oficinas centrales de Sony en Japón. La junta respondió entusiasmada: 

"¡Olvida el problema con la marca y acepta el pedido!"

Morita pensó sobre ello durante una semana antes de volver a Bulova para proseguir las negociaciones. Les dijo que quería aceptar el trato, pero que no podía aceptar la condición. 

Ahora eran los directivos de compras de Bulova los que quedaron aturdidos. Su condición era un estándar en este tipo de transacciones.

"Nuestra compañía es una marca reconocida que ha llevado 50 años posicionar", comentó el directivo. "Nadie ha oído hablar jamás de la vuestra. ¿Por qué no aprovechar nuestra ventaja?"

Morita respondió con calma:

"50 años atrás vuestra marca debía ser tan desconocida como la nuestra lo es ahora. Hoy estoy aquí con un nuevo producto, y estoy dando el primer paso para los próximos 50 años de mi compañía. Dentro de 50 años os prometo que nuestro nombre será tan reconocido como lo es el vuestro en la actualidad".